Limpia bien las zanahorias con un cepillo, sin pelarlas.
Ralla las zanahorias y la manzana en tiras finas.
Añade el jengibre rallado, el miso y la sal.
Masajea bien todos los ingredientes con las manos durante unos minutos, hasta que empiecen a soltar líquido.
Introduce la mezcla en el bote, presionando bien para que no queden huecos de aire.
Coloca el peso encima para mantener las verduras sumergidas en su propio jugo.
Cierra el bote (sin apretar del todo si no tiene válvula) y deja fermentar a temperatura ambiente.
Una vez terminado el proceso, guarda el fermento en la nevera para ralentizar la fermentación y conservarlo durante meses.